Mostrando las entradas con la etiqueta Diccionario biblico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Diccionario biblico. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de marzo de 2024

Libros del A.T. con más referencias en el N.T

 

Libros del A.T. con más referencias en el N.T

               1.    Isaías, citado 419 veces en 23 libros del N.T

              2.      Salmos, citado 414 veces en 23 libros del N.T

              3.      Génesis, citado 260 veces en 21 libros del N.T

              4.      Éxodo, citado 250 veces en 19 libro del N.T

              5.      Deuteronomio, citado 208 veces en 21 libros del N.T

              6.      Ezequiel, citado 141 veces en 15 libros del N.T

              7.      Daniel, citado 133 veces en 17 libros del N.T

              8.      Jeremías, citado 125 veces en 17 libros del N.T

              9.      Levíticos, citado 107 veces en 15 libros del N.T

              10.  Número , citado 73 veces en 4 libros del N.T

 
carlos adrian gomez burgara
carlosadrian@inbox.ru 
Telegram   
http://t.me/gomezburgara61

EL ANTIGUO TESTAMENTO,.-HEBREO.

AUTOR

ESCRITOS

CAPÍTULOS

OFICIO (S)

Moisés

Génesis 1 a Deuteronomio 33, Salmos 90, Job

    186, 1,42

Príncipe, pastor y caudillo n acional israelita

Josué

Deuteronomio 34        Josué 1:1- 24:28

1, 24

Comandante militar, espía, aprendiz. Caudillo nacional israelita

Eleazar

Josué 24:29-32

4 vs.

Sumo sacerdote, metalurgista, encargado del censo

Finess

Josué 24:33

1 vs.

Sumo sacerdote. Portero del tabernáculo, capellán militar

Samuel

Jueces, Rut, 1 Samuel 1:24

21, 4, 24

Juez, sacerdote, profeta, Caudillo nacional israelita.

Natán (con Gad)

1 Samuel 25- 2 Samuel 24

31

Profeta, consejero del rey

Gad (con Natán)

1 Samuel 25 - 2 Samuel 24

31

Profeta, consejero del rey

David

Salmos 2-9, 11-32, 34-41, 51-65, 68-70, 86, 95, 101, 103, 108-110, 122, 124,131, 133, 138-145, Compilador del Salmos 1-41

75

?

Pastor, músico, poeta, héroe militar, rey de Judá e Israel

Asaf

Salmos 50, 70-83, Compilador Salmos 1-41

12

Sacerdote, profeta, músico del templo, director de adoración 

Descendientes de Coré: Asír, Elcana, Abiasaf, Asir, Tahat, Uriel, Uzías, Saúl

Salmos 42, 44-49,84, 85-87

10

Sacerdotes, compositores, cantantes

Etán

Salmo 89

1

Sabio

Hemán

Salmo 88

1

Sabio

Salomón

Cantar de los Cantares, Proverbios 1-29, Salmos 72, 127, Eclesiastés

8, 29, 2, 12

Rey de Israel, hombre más sabio del mundo, poeta, músico, botánico, zoólogo, estadista.

Agur

Proverbios 30

1

Sabio

Lemuel

Proverbios 31

1

Príncipe árabe

Ahías

Parte de Reyes y Crónicas

¿?

Profeta

Iddo

Partes de Reyes y Crónicas; Genealogías de Reyes hebreos

¿?

Profeta, levita, vidente

Semaías

Pastes de Reyes y Crónicas; Genealogías de Reyes

¿?

Profeta

Jehú

Pastes de Reyes y Crónicas

¿?

Profeta

Abdías

Abdías

1

Profeta, siervo del palacio

Joel

Joel

3

Profeta

Jonás

Jonás

4

Profeta

Amós

Amós

9

Boyero, agricultor, profeta

Oseas

Oseas

14

¿Agricultor?, ¿panadero?, profeta

Miqueas

 Miqueas

7

Agricultor, profeta

Isaías

Isaías

66

Profeta

Ezequías

Compilador-redactor de Proverbios 30 y quizá Salmos 42-89

¿?

Rey, ingeniero civil

Nahum

Nahum

3

Profeta

Sofonías

Sofonías

3

Profeta

Jeremías

1 Reyes 1-2 Reyes 24, Jeremías, Lamentaciones

46, 52, 5

Sacerdote, Profeta

Baruc

Jeremías 52:31-34

4 vs.

Escriba, secretario

Habacuc

Habacuc

3

Músico, profeta, ¿sacerdote?

Daniel

Daniel

12

Sabio, profeta, oficial de Babilonía y Persia, noble judío

Ezequiel

Ezequiel

48

Sacerdote, profeta

Hageo

Hageo

2

Profeta

Zacarías

Zacarías

14

Sacerdote, profeta

Mardoqueo

Ester

10

Abogado judío, oficial del gobierno persa

Esdras

1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Compilador-Redactor de Salmos 90 al 150

65, 10, 13, 61

Sacerdote, escriba, maestro bíblico, dirigente de avivamiento.

Nehemías

Nehemías 1:1-7:5, 11:27-12:43, 13:4-31

9

Copero del rey persa, gobernador de Judá y Jerusalén

Malaquías

Malaquías

4

Profeta

Anónimo

2 Reyes 25, Salmos 1, 10, 33, 43, 66, 67, 71, 91-94, 96-100, 102, 104-107, 111-121, 123, 125, 126, 128-130, 132, 134-137, 146-150

48

 

 

 

 

 

Libro "La Biblia cómo se convirtió en libro" por Ferry Hall (Ediciones de las Américas, A.C.)  paginas 25, 26, 27

 
carlos adrian gomez burgara
carlosadrian@inbox.ru 
Telegram   
http://t.me/gomezburgara61

jueves, 26 de septiembre de 2019

El Arrepentimiento

El Arrepentimiento Resumiendo, este término significa un cambio de mente, pero se trata de un cambio de mente que afecta al ser moral del hombre hasta lo más profundo de su ser.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

ABATIMIENTO

ABATIMIENTOTiempo de abatimiento, 2 Reyes 6.24-31.
Pedido de misericordia, Ester 7.7.
Rostro contra la pared, Isaías 38.2.
Recurren al canibalismo, Lamentaciones 2.20.
Abatimiento real, Daniel 4.33.
Dios consuela a los abatidos, 2 Corintios 7.6.

ABANDONO


ABANDONO
Abandonado temporalmente, Génesis 37.23-28.
El Señor promete no abandonar, Josué 1.5.
Ciudad abandonada, 1 Samuel 30.1-6; Lamentaciones 1.1.
Alejamiento de los amigos, Salmo 38.11.
Las ciudades son abandonadas, Jeremías 4.29.
El Hijo de Dios abandonado, Mateo 27.46; Juan 16.32; Salmo 22.1.
Dejan a judíos por ir con gentiles, Hechos 18.6.
Embarcación abandonada, Hechos 27.41-44.
Dejan desamparado al apóstol, 2 Timoteo 4.16-17.
Humanidad abandonada, Génesis 6.11-13.

lunes, 16 de septiembre de 2019

URIM Y TUMIM

URIM Y TUMIM
Objetos que se emplearon para determinar la voluntad divina en cuestiones de importancia nacional para las que era necesaria la respuesta de Jehová.
Como se registra en Levítico 8:8, Moisés puso el Urim y el Tumim en el pectoral después de colocar este sobre Aarón. Aunque la preposición hebrea que aparece traducida en este pasaje por “en” (“dentro”, BAS) puede comunicar la idea de “sobre”(TA), la misma palabra se utiliza en Éxodo 25:16 al hablar de la colocación de las dos tablas de piedra en (“dentro”, Mod) el arca del pacto. (Éx 31:18.) Se ha supuesto que el Urim y el Tumim eran las doce piedras fijadas al pectoral. Pero esta idea no tiene fundamento en el texto bíblico, pues en la ceremonia de inauguración sacerdotal se le puso a Aarón el pectoral completo con las doce piedras cosidas sobre él, y luego se puso en el pectoral el Urim y el Tumim. De igual manera, una comparación de los versículos 9, 12 y 30 del capítulo 28 de Éxodo refuta la teoría de que el Urim y el Tumim fuesen las dos piedras de ónice que iban sobre las hombreras del efod del sumo sacerdote. (Éx 28:9-14.) Es evidente que estas eran objetos distintos.
Su uso. Es de destacar que el Urim y el Tumim tenían que estar sobre el corazón de Aarón cuando este se encontrara “delante de Jehová”, probablemente refiriéndose a cuando Aarón estaba de pie en el Santo, delante de la cortina que daba al compartimiento Santísimo, para inquirir de Jehová. El que estuviesen situados “sobre el corazón de Aarón” parece indicar que el Urim y el Tumim estaban en el pliegue o bolsa que formaba el pectoral. Estas piedras eran para “los juicios de los hijos de Israel”, y se utilizaban cuando se necesitaba una respuesta de Jehová a una pregunta de importancia para los líderes nacionales y, por consiguiente, para la nación misma. Jehová, el Legislador de Israel, daba una respuesta al sumo sacerdote en cuanto al proceder correcto que se había de seguir sobre cualquier asunto. (Éx 28:30.)
David pidió a Abiatar que empleara el Urim y el Tumim cuando Abiatar, habiendo escapado de una matanza de sacerdotes en Nob en la que había muerto su padre, se presentó ante David con el efod. Al parecer, era el efod del sumo sacerdote. (1Sa 22:19, 20; 23:6-15.)
Puede que fueran suertes. De las ocasiones que se registran en las Escrituras en las que se consultó a Jehová por medio del Urim y el Tumim, parece deducirse que la pregunta estaba formulada de tal manera que bastaba un “sí” o un “no” como respuesta, o, a lo más, una respuesta muy breve y directa. En una ocasión (1Sa 28:6) se menciona únicamente el Urim, aunque debe sobrentenderse que se incluía al Tumim.
Varios comentaristas bíblicos creen que el Urim y el Tumim eran “suertes sagradas”. (Éx 28:30, LT, nota.) Algunos piensan que se trataba de tres piezas, una que llevaba escrita la palabra “no”, otra con la palabra “sí” y una tercera en blanco. La pieza que se sacase daría la respuesta a la pregunta que se plantease, a menos que saliera la que estaba en blanco, lo que indicaría que no se daba respuesta. Hay quien opina que también pudieron ser dos piedras planas, blancas por un lado y negras por el otro. La piedras se arrojaban, y si coincidían las dos caras blancas boca arriba, significaba “sí”; si las dos eran negras, “no”, y si una era negra y otra blanca, no había respuesta. Hubo una ocasión en la que Saúl inquirió del sacerdote sobre la conveniencia de atacar o no a los filisteos y no hubo respuesta. Preocupado porque alguno de sus hombres hubiese pecado, imploró: “¡Oh Dios de Israel, de veras da Tumim!”. Saúl y Jonatán fueron apartados, y luego se echaron suertes para determinar cuál de los dos era el culpable. Puede verse cómo este pasaje distingue entre la acción de ‘dar Tumim’ y la de echar suertes, y, aunque parecen acciones distintas, el relato parece indicar que estaban relacionadas. (1Sa 14:36-42.)
Servían para enlazar el reino con el sacerdocio. En Deuteronomio 33:8-10 se alude al sacerdocio aarónico con las palabras: “Tu Tumim y tu Urim pertenecen al hombre que te es leal”. El que se diga que estos pertenecen “al hombre que te es leal [a Jehová]” tal vez aluda a la lealtad de la tribu de Leví (de la que vino el sacerdocio aarónico) demostrada en el incidente del becerro de oro. (Éx 32:25-29.)
Jehová sabiamente proveyó el Urim y el Tumim y los colocó en las manos del sumo sacerdote. Así el rey dependía en gran manera del sacerdocio, evitando una excesiva concentración de poder en manos del soberano. De este modo se hacía necesaria la cooperación entre la gobernación real y el sacerdocio. (Nú 27:18-21.) Jehová dio a conocer su voluntad al pueblo de Israel a través de su Palabra escrita, por medio de sueños y de los profetas, aunque parece ser que se valió de los profetas y los sueños en ocasiones especiales, mientras que el sumo sacerdote con el Urim y el Tumim siempre estaba presente al servicio del pueblo.
Su uso cesó en el año 607 a. E.C. Según la tradición judía, el uso del Urim y el Tumim cesó cuando los ejércitos babilonios mandados por el rey Nabucodonosor desolaron Jerusalén y destruyeron su templo en el año 607 a. E.C. (Talmud de Babilonia, Sotá 48b.) Esta opinión está apoyada por lo que leemos con respecto a estos objetos en los libros de Esdras y Nehemías. Allí se dijo a ciertos hombres que afirmaban ser de la línea sacerdotal pero que no podían hallar sus nombres en el registro público, que no podían comer de las cosas santísimas provistas para el sacerdocio hasta que un sacerdote se levantase con el Urim y el Tumim, pero no hay prueba escrita alguna de que se usasen por entonces, y la Biblia ya no vuelve a hacer más referencia a estos objetos sagrados. (Esd 2:61-63; Ne 7:63-65.)
El Sumo Sacerdote mayor consulta a Jehová. En la carta de Pablo a los Hebreos se dice que Jesucristo es el gran Rey-Sacerdote a la manera de Melquisedec. (Heb 6:19, 20; 7:1-3.) En él se combinan la gobernación real y el sacerdocio. Su obra sacerdotal fue prefigurada por la del sumo sacerdote del antiguo Israel. (Heb 8:3-5;9:6-12.) Como tal Sumo Sacerdote, todo juicio de la humanidad está encomendado a sus manos. (Jn 5:22.) No obstante, cuando estuvo en la Tierra, dijo: “Las cosas que les digo a ustedes no las hablo por mí mismo; sino que el Padre que permanece en unión conmigo está haciendo sus obras” (Jn 14:10) y “no hago nada por mi propia iniciativa; sino que hablo estas cosas así como el Padre me ha enseñado”. (Jn 8:28.) También dijo: “Si juzgo, mi juicio es verídico, porque no estoy solo, sino que conmigo está el Padre que me envió”. (Jn 8:16.) Sin duda, en su ensalzada posición celestial, perfeccionado como Sumo Sacerdote para siempre, continúa en este proceder de sujeción a su Padre, acudiendo a Él por guía en el juicio. (Heb 7:28; compárese con 1Co 11:3; 15:27, 28.)

domingo, 8 de septiembre de 2019

MAL

nom, MAL

ver, PECADO, DIABLO
vet,
En todo tiempo y en todo lugar las personas reflexivas han sondeado «el problema del origen del
mal». La causa del pecado no se halla en Dios. El autor del mal es «una persona». La tentación
de Jesús es una prueba de ello (Mt. 4:11). La Biblia presenta a Satanás como un ser con una
personalidad real (Jb. 1:6; Zac. 3:1; Lc. 10:18; Ap. 20:7; 2 Co. 11:14, etc.). Satanás es llamado
asimismo Diablo (Mt. 13:39; Jn. 8:44; etc.), la serpiente o dragón (Ap. 12:7, 9; 20:2). ¿Cómo
vino él a ser el autor e instigador del mal? La clave del enigma se halla en Isaías y Ezequiel. En
el origen del mundo, en la creación de los cielos y la tierra (Gn. 1) Dios creó a los ángeles y,
entre ellos, a un ángel superior, un querubín que dominaba toda una legión de ángeles, que
cayeron posteriormente con él, viniendo a ser los demonios (Mt. 25:41). Recibe el nombre de
príncipe de los demonios (Mt. 9:34), el príncipe del poder del aire (Ef. 2:2) y del mundo terreno
(Jn. 12:31; 14:30). Así, el origen del mal reside en Lucifer, el querubín del que hablan Isaías y
Ezequiel; bajo las imágenes del rey de Babilonia y del rey de Tiro es, evidentemente, Lucifer; a
la luz del contexto, el objeto de los pasajes de Is. 14:12-15 y de Ez. 28:12-17.
Antes de considerar estos pasajes, es conveniente una observación acerca de la naturaleza del
mal. El mal no es «algo» que tenga existencia de una manera positiva, sino la deterioración de
algo bueno o su ausencia. La rebelión (mal) toma el lugar de la obediencia. La desconfianza
(mal) toma el lugar de la comunión. Así, el mal es algo negativo, y sólo existe en relación con el
bien, que procede de Dios, y que sí existe sin necesidad de existencia de mal alguno.
761
De los pasajes ya citados de Isaías y Ezequiel se desprende:
(a) que a Lucifer le había sido encomendado el cuidado y la protección de la tierra y del espacio
contiguo a ella (Is. 14:12; Ez. 28:14);
(b) que había sido creado para que celebrara la gloria de Dios en todo el universo (Ez. 28:14);
(c) que tenía acceso al trono de Dios (Ez. 28:13, 14);
(d) que era perfecto, lleno de sabiduría y belleza (Ez. 28:15);
(e) que concibió el insensato plan de llegar a ser el igual de Dios, de destronar a Dios (Ez. 28:15;
Is. 14:13-14). Su belleza, su resplandor, sus riquezas, todo ello lo perdió y le condujo al pecado
(Ez. 28:17, 1-5);
(f) el juicio de Lucifer (Ez. 28:6-10; Is. 14:11, 15), la pérdida de su sublime posición, su destino
a la morada de los muertos y al tormento eterno (Is. 14:15; Ez. 28:19 b; cfr. Ap. 20:1-2, 7-10).
Así, Lucifer vino a ser, por su caída, Satanás, el Adversario de Dios y el tentador de los hombres.
Descendió a Edén (Ez. 28:13) presentándose al hombre en la seductora serpiente.
(a) El mal producido por Satanás.
Fue por su rebelión que el mal tuvo su origen. Quedó fuera de la amistad de Dios, enfrentado a
Él, y lanzado a la tarea de erigir su propio perverso reino en oposición al de Dios. Hay autores
que, manteniendo que entre Gn. 1:1 y 1:2 hay un gran intervalo, sitúan allí la caída de los
ángeles, la destrucción de una creación primordial preadánica, el desarrollo de largas épocas
geológicas, y sólo posteriormente la «re»-creación del mundo en seis días para la «creación
adánica». Sin embargo, cfr. Éx. 20:11, esp.: «y todas las cosas que en ellos hay», y cfr. también
CREACIÓN, Consideraciones geológicas y geocronológicas, c.
(b) Entrada del mal en Edén.
Satanás ya caído se manifiesta en Edén (Ez. 28:13; Gn. 3:1) bajo la forma de serpiente. Teme
que el hombre, llamado a dominar sobre la tierra, no venga a ser más semejante a Dios (Gn.
1:27; Sal. 8:5-9). Tiene temor de ser echado de su imperio terrestre y de las regiones que rodean
la tierra. Hay que arrancar al hombre de la dependencia divina. Es así que sedujo a Adán, al
arrojar la duda en el corazón de Eva acerca de la palabra y de la voluntad de Dios (Gn. 3:1-6).
(c) Satanás, acusador de los hombres.
Antes de la resurrección de Cristo, Satanás siguió entrando ante la presencia de Dios para acusar
a los hombres (Jb. 1:6-12; Zac. 3:1; Ap. 12:10). Es en los lugares celestes donde tenemos nuestra
lucha contra él (Ef. 6:12).
(d) Satanás osó tentar al mismo Hijo de Dios (Mt. 4:1-11).
La obra victoriosa de Cristo.
Es por Jesucristo que Dios ha logrado una total victoria sobre el mal y derrotado a Satanás de una
manera irremediable.
(a) Ya en su vida terrena, Cristo triunfó personalmente sobre Satanás. En el desierto, le dijo:
«Apártate», y Satanás tuvo que huir (Mt. 4:10-11). Jesús vio a Satanás caer del cielo como un
rayo (Lc. 10:18). En la cruz, por su expiación, Cristo fue el verdadero cordero inmolado, pero
también fue el antitipo del macho cabrío enviado al desierto cargado con nuestras faltas, lo cual
significaba para el enemigo que el sacrificio redentor ha quedado consumado, y que ya nada hay
que pueda mantenerse contra los redimidos (Lv. 16:9-10). En Zac. 3:2-5 se ve la magnífica
prefiguración de la obra de la justificación y de purificación efectuada por Cristo, nuestro
Abogado, que se presenta en este pasaje bajo los rasgos del Ángel de Jehová. Después de la cruz,
Satanás no puede acusar ya más al ex pecador regenerado (cfr. Col. 2:14-15).
762
(b) La resurrección de Cristo ha consumado la victoria de Dios sobre él y sus consecuencias (Mt.
28:18; Ro. 1:4). La resurrección es la certidumbre del triunfo definitivo del pecador (1 P. 1:3), es
la certidumbre de la victoria de Dios sobre la tierra y en el cielo (Ef. 1:20-22; Fil. 2:9-11). Esta
victoria se manifiesta desde ahora ya por el nuevo nacimiento, que es la puerta de entrada al
Reino (Jn. 3:3). Se manifestará de una manera clara y patente con la renovación física de la tierra
en el Reino milenial (Is. 11:8-9; Hab. 2:14; cfr. Ez. 47:1-12); finalmente, por la eliminación de
Satanás (Ap. 20:10) y por la gloria del Reino celestial donde Dios será todo en todos (1 Co.
15:24-28; Ap. 21:23-27; 22:3-5). (Véanse PECADO, DIABLO.)
Bibliografía:
Chafer, L. S.: «Participación angélica en el problema moral» y «Satanología», en Teología
Sistemática, vol. 1, págs. 448-531 (Publicaciones Españolas, Dalton, Ga. 1974).

LUCERO, LUCIFER

nom, LUCERO, LUCIFER
tip, ESPA DIAB
vet,
(gr. «el que porta o aporta la luz»).
742
El planeta Venus. Después del Sol y de la Luna, es Venus el astro más resplandeciente. Según su
posición al este o al oeste del Sol, este planeta es visible por la mañana o por la tarde. Cada 19
meses aproximadamente vuelve a la misma posición. Como astro matutino anuncia la venida del
día.
El profeta compara el esplendor del rey de Babilonia con la de este resplandeciente astro,
llamado «hijo de la mañana» (Is. 14:12).
Desde el siglo III se da el nombre de Lucifer a Satanás, el ángel rebelde expulsado del cielo. Los
poetas propagaron este apelativo, en base a la asunción de que Lc. 10:18 explica Is. 14:12.

ALMA.

nom, ALMA

La palabra hebrea «nefesh», (que es uno de los vocablos traducidos generalmente en castellano
por «alma») aparece 754 veces en el Antiguo Testamento. Como puede verse en la primera cita
bíblica al respecto, significa «lo que tiene vida» (Gn. 2:7), y se aplica tanto al hombre como a los
demás seres vivientes (Gn. 1:20, 24, 30; 9:12, 15, 16; Ez. 17:9). Muchas veces se identifica con
la sangre, como algo que es esencial para tener aliento y animación (Gn. 9:4; Lv. 17:10-14; Dt.
12:22-24), y en el hombre es su principal característica que lo distingue de los seres irracionales
(Gn. 1:26).
La primera función del alma es la de dar vida al cuerpo, y como la respiración es el signo
principal de la vida física, de ahí que en hebreo, como en la mayoría de las lenguas, se designe
con términos que se relacionan más o menos con la imagen del aliento. Este principio es la base
donde radican los sentimientos, las pasiones, la ciencia, la voluntad (Gn. 28:8; 34:3; Éx. 23:9; 1
S. 1:15; Sal. 6:4; 57:2; 84:3; 139:14; 143:8; Cnt. 1:6; Pr. 19:2; Is. 15:4, etc.). El alma expresa al
hombre entero, a su total personalidad en muchas de las ocasiones en las que aparece en la
Biblia. Toda esta concepción del alma se basa en la observación concreta del hombre.
Así, estar en vida es todavía tener aliento (2 S. 1:9; Hch. 20:10); cuando el hombre muere sale el
alma (Gn. 35:18), es exhalada (Jer. 15:9), y si resucita vuelve el alma a él (1 R. 17:21). Para el
pensamiento hebreo el alma es inseparable del hombre total, es decir, que el alma expresa los
hombres vivientes. Tal vez aquí radica el origen de la identificación del alma con la sangre (Sal.
72:14); el alma está en la sangre (Lv. 17:10 s), y a veces se dice metafóricamente (?) que la
sangre es la vida misma (Lv. 17:14; Dt. 12:23). De todos estos pasajes se puede deducir que la
«nefesh» es el principio de vida vegetativa que se considera ligada a la sangre del ser vivo (Gn.
9:4-5; etc.). Hay en hebreo además otras palabras que tienen casi el mismo significado, como
«nesamah», que expresa un soplo divino vivificante (Zac. 12:1; Jb. 12:10) que es principio de
vida racional, sensitiva e intelectual (Ez. 11:5; Is. 26:9; 66:2; Pr. 15:13; 29:23; Sal. 51:14). Otro
término casi equivalente es «ruah», que designa un soplo vital, el principio de la vida y de los
sentimientos (Pr. 20:27).
El hombre es superior y se distingue de las bestias por haber sido creado a imagen y semejanza
de Dios (Gn. 2:7; 6:3; 7:22; 27:6; Lv. 17:11; Sal. 104:29-30; Jb. 10:9-12; 27:3; 33:3-4). En el
Antiguo Testamento la «nefesh» parte del cuerpo con la muerte (Gn. 25:18); pero el término no
se aplica al espíritu de los muertos. «Ya que la psicología hebrea no tenía una terminología
semejante a la nuestra»; la explicación debe buscarse en los pasajes donde las palabras hebreas
traducidas por «corazón» y «espíritu» son usadas.
Es preciso esperar a los tiempos del Nuevo Testamento, los de la plenitud de la Revelación en
Cristo, para tener una doctrina completa del alma. En el griego del Nuevo Testamento la palabra
«psyche» se usa como equivalente de la palabra hebrea «nefesh», pero hay once casos en los
Evangelios Sinópticos en que se expresa la seguridad de la vida después de la muerte. En todos
los cuatro evangelios la palabra «pneuma», que es equivalente de «ruah», también se usa para
54
indicar la vida espiritual, y la palabra «kardia» («corazón») se usa para expresar la vida psíquica
del hombre.
En el Nuevo Testamento el alma es la parte invisible del hombre, en oposición con la sangre y la
carne (Col. 2:5; 1 Co. 5:5; 7:34; Jn. 6:64); la «psyche», el alma, es el principio de la voluntad y
del querer (Mt. 26:41; Mr. 14:38), el centro de la personalidad íntima del hombre (1 Co. 2:1); el
alma es nuestro propio yo (Ro. 8:16; 1 Co. 16:18; Gá. 6:18; Fil. 4:23). En el Nuevo Testamento,
al contrario del Antiguo, el alma puede vivir separadamente del cuerpo y es el principio que le da
vida (Lc. 8:55; 23:46; Hch. 7:59; Stg. 2:26). Claramente se habla de la supervivencia del alma
(Lc. 23:46; 1 P. 3:19). Así que es sinónimo de espíritu, y cuando el apóstol Pablo habla de tres
componentes del hombre, a saber: cuerpo, alma y espíritu, no debemos pensar en una verdadera
tricotomía, sino en la distinción entre la vida biológica del hombre y su vida espiritual, y que son
salvos juntamente con su cuerpo, porque Dios salva al hombre total (1 Ts. 5:23), que, si ahora
está sometido a la muerte, será transformado y revestido de inmortalidad al final de los tiempos
(1 Co. 15:53).
La expresión usada por Pablo que compara la muerte a un sueño (1 Co. 7:39) es una metáfora
usada ya por los judíos y que ciertamente aparece también en numerosas inscripciones en las
catacumbas de las primeras generaciones, y en la cual se expresa la firme convicción de que si
duermen en el cuerpo, ciertamente ya han empezado a gozar de la salvación de Dios. En este
pasaje, como en otros, el apóstol supera las falsas concepciones que invadían el mundo
helenístico en cuanto a la resurrección. El hombre total resucitará, en alma y cuerpo, porque la
muerte no termina con el hombre, ya que Dios, cuando lo creó, lo hizo inmortal, y si por el
pecado la muerte entró en el mundo (1 Co. 15:22), por Cristo entró la vida. Aunque la Biblia no
desarrolla la idea del alma de una manera abstracta como lo hace la filosofía, no obstante, es bien
claro que en el Nuevo Testamento el alma que anima al hombre terrenal lo sobrevive y lo
animará cuando, ya transformado y revestido de inmortalidad, tenga la plena visión de Dios.
Cuando Dios creó al hombre a su «imagen y semejanza» (Gn. 1:26), su alma, su vida, su
carácter, su voluntad, su psicología, su personalidad total tenían rasgos divinos que el pecado
destruyó. El hombre, señor de la Naturaleza, tiene un alma, una vida superior a la de los
animales, sobre los cuales tiene dominio por su razón y personalidad que le vienen por un acto de
la soberana voluntad de Dios que le permite señorear y «llamar» por su nombre a los animales
(Gn. 2:19). Su alma es, por tanto, superior y distinta de la de los demás seres. El hombre
resucitará en su integridad (tanto los buenos como los malos) al final de los tiempos (1 Co.
15:45). (Véanse HOMBRE, CORAZÓN, CUERPO, ESPÍRITU)

.-ABISMO.-

    nom, ABISMO
tip, CIEN ESCA Griego, «abyssos» = «sin fondo». Término usado en la versión de los LXX para traducir la
palabra hebrea que significa «hondura». En el Antiguo Testamento significa el mar universal que
envolvía todo lo existente, cielo y tierra. En el segundo día Dios separa las aguas que estaban
sobre el firmamento, de las que estaban debajo. A estas aguas se referirá en adelante la palabra
«abismo» (Gn. 1:2; Dt. 33:13; Sal. 104:6).
En el NT aparece especialmente en Apocalipsis, donde vemos que el abismo es el lugar donde
los poderes satánicos están encerrados; su castigo será posteriormente, en el lago de fuego (Ap.
9:1, 2; 20:10). Es de Apocalipsis (Ap. 9:1-11) que se ve que una estrella caída del cielo recibe las
llaves del abismo, surgiendo una espesa tiniebla moral al ser abierto, y surgiendo de ella agentes
destructores: Abadón (en hebreo), o Apolión (en griego), el «destructor», es su rey. El futuro
imperio romano es representado como una bestia que surge del abismo (Ap. 11:7; 17:8). Durante
el Milenio, Satanás será confinado en el abismo, quedando imposibilitado totalmente de engañar
y actuar (Ap. 20:1, 3). En Lc. 8:31, los demonios le ruegan a Cristo que no los arroje al abismo;
en Ro. 10:7 aparece en contraste a los cielos.